¿Quién no ha oído un millón de veces que la física cuántica desafía la intuición? Dicho de esa forma o de cualquier otra semejante, se ha convertido en una idea célebre, que repetimos todos con fervor, los que saben cosas de física cuántica y los que apenas sabemos sumar y restar. No sé lo que debe entender uno por intuición, pero si uno entiende lo que entiendo yo, coincidiendo más o menos con lo que dice la Real Academia al respecto, la física cuántica es una más de las cosas que desafían mi intuición o que mi intuición no entiende en absoluto. Parece que le hemos dado a la intuición el significado de un conocimiento inmediato, o espontáneo, no cocido en el horno del razonamiento. A mí sinceramente esta palabra me parece una estupidez, a no ser que nos refiramos con ella a todo el conocimiento previo del que dispone uno por el hecho de nacer: la capacidad de percibir e interpretar, de deducir, y todos esos ‘a priori’ que se encuentran en el armazón de nuestra conciencia. 

Pienso que si tomamos en ese sentido la palabrita, no tiene ningún sentido decir que la física cuántica se opone a nuestra intuición. Cualquier cosa que podamos imaginar, incluso lo que no podamos comprender, entraría en el contenedor de la intuición sin el más mínimo problema. Creo que cuando uno dice esa frase está pensando en que la física cuántica choca con la experiencia humana –que a eso nos referimos en realidad al hablar de intuición–, y eso puede que sea verdad, pero lo que no tengo claro es que represente un caso excepcional. Como la intuición, en este último sentido, no es más que experiencia y conocimiento previo, no creo que se pueda considerar como algo objetivo o universal. Cada uno tendrá, o tiene, su intuición, mejor o peor alimentada, y la de Einstein seguro que no era ni de lejos semejante a la mía.

Mi modestísima intuición no necesita la física cuántica para verse en un aprieto. El entrelazamiento y la superposición le son tan ajenos como el funcionamiento de un ordenador, el de una batidora y no digamos el de un avión o un cohete, y así podría estar enumerando cosas hasta el juicio final. Aún más incomprensible le parece la propia existencia y la existencia del universo y la explicación que se da a la existencia del universo y la posibilidad de pensar sobre todo ello. Todo lo que existe apabulla y arremete contra mi pobre intuición. Así que tan incomprensible me resulta que yo pueda estar escribiendo estas tonterías como el modo en que se las compongan dos electrones de nada, por muy chocante que sea. Pero por ser tan chocante, y tan incomprensible, mi intuición recibe la idea casi como un regalo: una comprobación de que nada sabemos y nada podemos saber. Pura intuición.

Written by : Aniceto Barrones

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